Impactos Psicosociales de Proyectos de Infraestructura

Impactos psicosociales

Los Proyectos de Infraestructura se pueden generar por los impactos potenciales físicos. Por ejemplo, es común identificar daños a la salud generados por el exceso de polvo que pueda generarse durante la etapa de construcción o daños a infraestructura urbana que pueda repercutir en la calidad de vida de los habitantes de comunidades dentro de las áreas de influencia.

En pocas ocasiones consideramos aquellos impactos que están más relacionados a dimensiones de la vida que no son observables o cuantificables en primera instancia. Los impactos de proyectos de infraestructura en la dimensión psicosocial son incuestionables, pues todos tenemos claro que son características valoradas en nuestra vida, pero es difícil considerarlas al tratarse de la vida de otros, especialmente cuando estos otros son ajenos o distantes a nuestro ámbito cotidiano.

El bienestar psicosocial es aplicado tanto en términos individuales como colectivos. El concepto se centra en: “las formas de afrontar los retos vitales y en el esfuerzo de las personas por conseguir sus metas, así como también en las valoraciones que hacen de sus circunstancias y de su funcionamiento dentro de la sociedad. Incluye la percepción de sí mismo; la capacidad de manejar el medio y la propia vida de forma efectiva; la calidad de los vínculos; la creencia de que la vida tiene sentido y significado a través del proyecto vital. De esta manera, el bienestar implica necesariamente la valoración que los individuos hacen de las circunstancias y el funcionamiento dentro de la sociedad”.

En la dimensión física la infraestructura genera muchos impactos positivos, sin embargo, la falta de entendimiento del fenómeno en general y la dinámica bio-psico-social que altera, puede desencadenar situaciones ni siquiera vislumbradas antes del diseño del proyecto.

Algunas preguntas que podemos plantearnos al diseñar un proyecto y desarrollar una Evaluación de Impacto que considere la dimensión psicosocial son:

  • ¿Cómo vamos a afectar la calidad de vida de la comunidad y de grupos vulnerables en el corto, mediano y largo plazo?
  • Qué opinión prevalece y se predice sobre la autopercepción colectiva? ¿Vulnera a la comunidad en cuanto a la posición que ocupan frente a sus autoridades o dentro del plan de desarrollo del país?
  • ¿La comunidad se siente escuchada, tomada en cuenta, partícipe de la toma de decisiones y en control de su entorno?
  • ¿Los habitantes pueden seguir disfrutando de sus casas, propiedades, medio ambiente y relaciones sociales?
  • ¿Se agudiza la débil relación de confianza entre los habitantes y sus autoridades?
  • ¿Atentamos contra el sentido de seguridad y control que tienen los habitantes sobre su presente o su futuro?
  • Tengan o no fundamento, ¿generamos que los habitantes sientan preocupación o angustia por las implicaciones que tendrá el proyecto en su salud o medio ambiente?
  • Como empresa desarrolladora ¿generamos un ambiente que fortalezca la credibilidad y confianza?
  • Ante un pronóstico poco alentador para los planes del desarrollador, ¿se estigmatiza a los opositores o individuos de la comunidad que no accedan a las propuestas del desarrollador?

Si bien en los proyectos se incluye también la visión de impactos positivos, estos deben derivar siempre de las necesidades y carencias comunitarias, tratando de abordar los beneficios o perjuicios desde la mirada de los impactados y no desde la concepción de bienestar de los consultores o desarrolladores. Mientras más dimensiones de análisis sean incorporadas en las evaluaciones, más sólida será la estrategia para el manejo óptimo de riesgos sociales y se incrementará con ello el potencial del estudio para abonar a la “salud” integral del proyecto y sus implicados.

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