Inversión social en proyectos energéticos

Inversión social en proyectos energéticos

Una problemática recurrente en los proyectos de infraestructura energética es que, a pesar de realizar inversión social con montos considerables, tanto desarrolladores como comunidades se quedan con la duda de qué tanto es real, sirve o se valoran este esfuerzo. Analizamos retos y puntos clave para mejorar la inversión social de proyectos energéticos.

Por un lado, muchas veces las comunidades no se enteran de cuáles han sido los beneficios que colectivamente reciben. Un ejemplo de ello lo vivimos en un proyecto en Chihuahua, donde una empresa construyó todo un complejo deportivo comunitario y al preguntar a los vecinos qué era, comentaron no tener idea.  Otro caso que ejemplifica este punto son las aportaciones millonarias que han hecho grupos de energía eólica en Oaxaca al sector salud; en particular, hablamos de hospitales enteros construidos para atender la emergencia sanitaria de COVID-19, sin embargo, las comunidades locales demeritan la aportación empresarial porque los beneficios no son exclusivos para ellos.

Vemos muchos casos donde las empresas cumplen con lo requerido en términos legales y que sus acciones están alineadas con objetivos de desarrollo sostenible de la ONU y otros lineamientos internacionales, sin embargo, no se obtienen los resultados esperados. Inclusive cuando se cumplen formalmente ciertos protocolos, encontramos que persiste un ambiente de desconfianza y el temor de que se desate un conflicto; en consecuencia, dentro de las comunidades prevalece la percepción de que las acciones de las empresas son mínimas o invisibles.

En mi experiencia trabajando en comunidades, así como lo descrito en las mejores prácticas de La Asociación Mundial del Sector del Petróleo y el Gas para Promover el Desempeño Medioambientales y Social (IPIECA), encontramos evidencia de que es más valorado el “cómo” se hace una inversión social, que el “cuánto” se está invirtiendo.

Inversión social en energía

Entender el contexto donde se opera

Un punto fundamental para el éxito de una inversión social es entender el contexto donde se opera. No sólo en el terreno de lo legal o administrativo, sino en la dimensión de la dinámica social; con sus componentes políticos y económicos, que determinan las condiciones y disposición de la comunidad para establecer canales de acercamiento y comunicación. Entender este contexto implica tener contacto directo a través de profesionales sociales, más que contar con una compilación datos estadísticos de dicha comunidad. Es comprender su historia reciente, leer y entender cómo se han fraguado liderazgos locales, cuáles son sus necesidades más apremiantes, así como entender sus fortalezas y limitaciones como comunidad.

Para alcanzar su mayor potencial, la inversión social debe ser producto de un proceso planeado y calculado. Este proceso, idealmente, debe darse de la mano de las comunidades, pero no respondiendo exclusivamente a sus intereses o deseos. Es decir, la estrategia debe generarse respondiendo a necesidades de la comunidad y al mismo tiempo estar apegada al core business de la compañía, al contexto general en donde opera el negocio y debe formar parte de la visión empresarial.

Parte fundamental para su éxito es conceptualizar a la inversión social como un proceso estratégico con objetivos bien definidos a mediano y largo plazo; evitando acciones que sean una reacción inmediata ante conflictos u oposiciones latentes. Es decir, es importante no transmitir un mensaje de que la empresa responde ante exigencias directas de miembros o grupos dentro de la comunidad; sino que, proactivamente y apegada a lineamientos internos, la compañía toma decisiones correctas balanceando el peso de los intereses propios y los comunitarios.

El mayor nivel de satisfacción dentro de las comunidades beneficiarias lo encontramos en proyectos donde se les trata con respeto, de forma oportuna, culturalmente alineados a la comunidad, donde no se rota al personal que da la cara a la comunidad y donde existe una transferencia de habilidades o fortalecimiento de capacidades, evitando así una dependencia a la presencia del desarrollador.

El factor de alineación cultural es uno de los elementos clave para una inversión social exitosa. Sin embargo, una práctica común en algunas empresas globales es buscar aliados internacionales, con casos de éxito demostrados en contextos muy distintos al de nuestro país, para implementar programas específicos. Lo anterior no es la mejor decisión, ya que inclusive dentro del mismo país, aquellas acciones que funcionaron bien en una comunidad pueden encontrar fuerte rechazo en otra, sin importar qué tanto se parezcan entre sí. Por esto, analizar las fortalezas locales nos conduce a aliados que ya cuenten con validación cultural local, autoridad moral y liderazgo que facilite la vinculación, la difusión de acciones y mayor alcance para que los miembros de la comunidad se involucren.

Otro elemento determinante es la definición correcta de indicadores de éxito, es decir, ¿Cómo saber que los esfuerzos alcanzan los objetivos deseados? En mi experiencia, encontramos empresas que contemplan indicadores como: número de árboles plantados, litros de pintura donada, etc. Estos números, por sí mismos, no nos permiten saber si los esfuerzos empresariales son adecuados, si van en camino a la persecución de resultados específicos o si tienen los efectos deseados. Reportar resultados de esta forma no es pertinente ni para entes de financiamiento ni para otros stakeholders, ya sea internos o externos a la empresa. Es por ello que los indicadores deben ser cuidadosamente diseñados inicialmente, incluyendo tanto la dimensión cuantitativa como la cualitativa.

Para incrementar el éxito de la inversión social, además de lo expuesto previamente, es necesario empezar por formar un equipo sólido dentro de la empresa. En muchas ocasiones, el personal dispuesto por la empresa para atender estos temas está sobrecargado de responsabilidades y no cuenta con herramientas suficientes para hacer frente a todas las aristas de la problemática social. Además, es común que este personal también se enfrente a la falta de sensibilización que hay en puestos gerenciales de otras áreas de la misma empresa. Es decir, el reto es bidireccional, por un lado, deben conquistar stakeholders externos (incluida la comunidad), al mismo tiempo que convencen a stakeholders internos (todas las áreas de la empresa involucradas en el proyecto) de la importancia de una gestión social integral.

El presupuesto de la inversión social existe y es potencialmente el componente clave en la construcción de relaciones armónicas entre el sector privado y las comunidades. Es por ello esencial que los esfuerzos en este sentido no solo se hagan adecuadamente, sino que se comuniquen a los stakeholders. Deben tener como unos de sus objetivos transmitir eficazmente a la comunidad qué es lo que se está haciendo, por qué, para qué y cómo los beneficia; activarlos, hacerlos partícipes y corresponsables tanto de la ejecución como de la rendición de cuentas.

Contemplar a la inversión social como un proceso estratégico para el negocio permitirá maximizar la rentabilidad sus proyectos y consolidar una reputación empresarial favorable.

Artículo publicado en Oil&Gas Magazine, septiembre de 2020 por Ana Suárez Zamudio.

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